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terça-feira, 17 de maio de 2011

El escritor Ricardo Piglia rompe el silencio sobre el suicidio del profesor español que daba clases en Princeton


"En los 10 años de trabajo de Calvo en la universidad no hubo un solo hecho que justificara el despido", dice el novelista argentino

DAVID ALANDETE | Washington 16/05/2011


El silencio que ha imperado entre la comunidad del departamento de lengua española y portuguesa de la universidad de Princeton respecto al despido del profesor asociado Antonio Calvo, que se suicidó el pasado 12 de abril en Nueva York, comienza a resquebrajarse. El primero en hablar, este fin de semana, ha sido Ricardo Piglia, respetado escritor, eminencia de las letras argentinas y profesor de la cátedra Walter S. Carpenter de Lengua, Literatura y Civilización de España en Princeton, en el mismo departamento en el que enseñaba Calvo.

Antonio Calvo
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El profesor español Antonio Calvo.-

    Estados Unidos

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    A FONDO

    Capital:
    Washington.
    Gobierno:
    República Federal.
    Población:
    303,824,640 (est. 2008)

Piglia ha dicho en un artículo publicado en el suplemento cultural Ñ, del diario argentino Clarín: "Las autoridades utilizaron para tomar su decisión las observaciones y opiniones vertidas en algunas de las cartas de evaluación pedidas por la administración a estudiantes y a colegas de Calvo. Lo que está en juego en este penosísimo acontecimiento no es el contenido de esas cartas que habitualmente circulan en los procesos de evaluación, multitudinarias y kafkianas, sino el modo de leerlas. En los diez años de trabajo de Calvo en la universidad no hubo un solo hecho que justificara esa decisión: se trató básicamente de una cuestión de interpretación de metáforas, dichos y estilos culturales".

A Calvo le vencía su contrato de cinco años en verano. Para su renovación, la universidad comenzó un proceso de evaluación en el que se pidió cartas a distintos miembros de su departamento. Su familia y allegados aseguran que el uso de expresiones e interjecciones como "no te toques los cojones" en clase se utilizó como excusa para su expulsión, ejecutada antes de que acabara el semestre. El artículo de Piglia sustenta esa misma tesis. El escritor mantiene que el contenido de esas cartas se malinterpretó desde la administración universitaria. La universidad de Princeton ha mantenido silencio por las vías oficiales y solo ha dicho, por boca de su rectora, Shirley M. Tilghman, que el despido fue procedente.

EL PAÍS publicará ese artículo en su integridad a lo largo del mes de mayo, en el suplemento Babelia, dentro de la serie Notas en un diario. El profesor Piglia dijo ayer a este diario que desde el pasado mes de diciembre se halla en un periodo sabático en Buenos Aires, por lo que no se hallaba en Princeton cuando ocurrió el despido. Según la normativa de Princeton, hay ocho supuestos de despido a un profesor: dar clases privadas -y cobrar por ellas- a los alumnos; nepotismo; relaciones sexuales consentidas con alumnos que estén bajo la supervisión directa o indirecta del profesor; acoso sexual; usos comerciales fraudulentos del nombre de la universidad; difusión de la información privada de los alumnos; mala praxis en tareas de investigación -como plagio-; alteración del orden público en el campus, y conflictos de interés en las investigaciones.






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