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sábado, 21 de junho de 2008

No Divã do Gikovate

Instituto de Psicoterapia de São Paulo

Domingo, 30 de dezembro de 2007
A busca por um corpo ideal



Domingo, 23 de dezembro de 2007
Por que alguns relacionamentos afetivos acumulam ressentimentos e outros não?



Domingo, 16 de dezembro de 2007
A disputa entre razão e emoção



Domingo, 9 de dezembro de 2007
Cooperação x competição

Domingo, 2 de dezembro de 2007
Costumamos hierarquizar as comparações que fazemos de nós mesmos com outras pessoas



Domingo, 25 de novembro de 2007
Na vida, há sofrimentos produtivos e improdutivos



Domingo, 18 de novembro de 2007
Sexo virtual pode ser considerado infidelidade?



Domingo, 11 de novembro de 2007
Como a sociedade pensa temas polêmicos, como o incesto



Domingo, 4 de novembro de 2007
Atualmente, os jovens saem cada vez mais tarde da casa dos pais, até por acomodação



Domingo, 28 de outubro de 2007
É preciso tomar cuidado na hora de se imaginar no lugar de outra pessoa para entender suas atitudes


Domingo, 21 de outubro de 2007
É importante reestruturar a vida familiar para evitar que os jovens entrem no mundo das drogas



Domingo, 7 de outubro de 2007
A fidelidade é a qualidade mais valorizada por homens e mulheres no casamento



Domingo, 30 de setembro de 2007
O estresse nas relações de trabalho



Domingo, 23 de setembro de 2007
O medo da felicidade



Domingo, 16 de setembro de 2007
O individualismo ocorre quando a pessoa se vê como uma unidade, não como parte de uma família ou relação



Domingo, 9 de setembro de 2007
As pessoas devem repensar conceitos tidos como verdades absolutas, mas que hoje já estão ultrapassados



Domingo, 2 de setembro de 2007
A paixão é definida por, entre outras coisas, um enorme medo de perder a individualidade



Domingo, 26 de agosto de 2007
A maturidade emocional é a vitória da razão sobre a emoção



Domingo, 19 de agosto de 2007
O amor é algo que sentimos por alguém que nos desperta paz, aconchego e serenidade



Domingo, 12 de agosto de 2007
Numa relação íntima, é recomendado falar tudo o que se pensa a respeito da outra pessoa?



Domingo, 5 de agosto de 2007
Para curar nossas fobias, devemos primeiro tentar perder a vergonha de sentir medo

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26/10/2008 free counters

Artigos em espanhol escritos pelo Dr. Flávio Gikovate.

Dejar de ser gordo download

Del Amor Como Instinto download

DR. FLÁVIO GIKOVATE

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26/10/2008 free counters

La moral vista como control


Las normas que constituyen el código moral de una determinada sociedad son generadas por la necesidad de establecer límites a la conducta individual. El objetivo es evitar grandes tensiones internas en el grupo, a partir del anhelo de ciertas personas de sentirse elevadas por un comportamiento de acuerdo con las expectativas de las divinidades.
Nunca está demás registrar que muchas de las reglas sociales se elaboran con la finalidad de preservar privilegios para un pequeño grupo que detenta el poder. O sea, no siempre las reglas llamadas “código moral” son efectivamente justas – de hecho, son casi siempre injustas. Y no es raro que estas minorías inteligentes y oportunistas utilicen todo tipo de argumentación falsa – pero de apariencia lógica – para justificar las arbitrariedades cometidas sobre las grandes masas. Así, un sistema monárquico puede atribuirse dignidad y respetabilidad si consigue demostrar que es esta la voluntad divina; clérigos inquisidores pueden matar en nombre de afirmar la fe cristiana sobre la tierra, sucediendo que procesos similares pueden usarse siglos más tarde para la “implantación” del socialismo, y así sucesivamente. Padres de familia pueden exigir recato máximo y “pureza sexual” a sus hijas y tener como amante a su secretaria, de la misma edad que ellas, por poner un ejemplo ligado a la cuestión sexual, que es la razón principal de estas observaciones.
También es importante resaltar que todas las reglas limitadoras de la conducta humana existen en función del hecho de que es posible – e incluso fácil – que ellas existan. En otras palabras, si no existiesen tendencias homicidas en el ser humano, no habría necesidad de que fuesen prohibidas – y castigadas severamente en los casos de transgresión de la norma. Si el hombre no codiciase la mujer del prójimo, no habría el mandamiento que lo prohíbe. Mejor dicho, en la gran mayor parte de las veces las reglas pueden ser eficaces en el sentido de impedir la acción, pero no en el sentido de hacer desaparecer el deseo; los hombres codician y siempre codiciarán la mujer del prójimo, sucediendo que muchos no intentarán abordarla, de modo que se quedan con el deseo y experimentan la frustración de no poder realizarlo. Los hombres pueden no robar, pero tal deseo existe dentro de las fantasías de muchos, especialmente de los más necesitados.
Las normas son confeccionadas por criaturas más sofisticadas, en función de sus convicciones religiosas, y de sus sensaciones psíquicas ligadas a los sentimientos de culpa. Son modificadas y desvirtuadas por pequeños grupos, que se encargan de hacer que la mayoría se comporte con arreglo a ellas, sin que ellos mismos las sigan. De ese modo, la obra inicial de los humanistas se ve debidamente transformada en instrumento de dominación por minorías inteligentes y poco escrupulosas. Y todo se vuelve tan confuso, tan mezclado con verdades capaces de sensibilizar a los espíritus buenos, que es fácil engañar a la población en general, en beneficio propio.
Al final, parece más o menos claro que la “moral” se transforma en un conjunto de reglas que tiene por finalidad garantizar el privilegio de un pequeño grupo en perjuicio de la mayoría. Y esto se hace so pretexto de garantizar la estabilidad grupal y también en nombre de los mejores principios nacidos del pensamiento religioso. Por caminos tortuosos y lamentables, los ricos pueden tratar de demostrar que la virtud está en la pobreza y que Dios tiene mucha más simpatía por los miserables, sin que esto signifique que estén dispuestos a abrir mano de nada de lo que poseen. O entonces que las desigualdades sociales corresponden a la “voluntad divina”, que determinó un destino diferente para cada criatura; y así sucesivamente.


Flávio Gikovate.

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26/10/2008 free counters

Optimismo y Pesimismo



No deja de ser curioso observar las diferentes reacciones del ser humano frente a ciertos obstáculos. Al enfermar, algunas personas sólo piensan en la recuperación; otras sienten que jamás volverán a tener salud. Ante una situación de riesgo, los optimistas deciden enfrentarla, pues les parece que las oportunidades de éxito son buenas; los pesimistas reculan, anticipando la catástrofe. Para comenzar un enamoramiento, el optimista se acerca a alguien que ha despertado su interés; el pesimista evita el primer paso, imaginando un rechazo inevitable.
Las diferencias no se terminan ahí. Si por un lado hay alegría de vivir, generosidad, desprendimiento, por el otro existe cierta tendencia al egoísmo y a la tristeza, a veces disfrazada de falsa euforia. El optimista está siempre lleno de planes y proyectos, es innovador, contagiando con su esperanza a las personas que le rodean. El pesimista es más comedido en los gastos y en los gestos, suele ser conservador, sólo se interesa por cosas que ya han sido experimentadas y agradan a la mayoría.
¿Cuáles serán los factores que impulsan al ser humano en la dirección de un comportamiento positivo o negativo en relación a la vida? Vale la pena levantar algunas hipótesis. Ante todo, no creo que se trate de un mero condicionamiento o hábito de pensar. Es decir, no sirve de nada despertar por la mañana con la disposición de cambiar y de tomar actitudes positivas. Ese tipo de optimismo será falso, superficial y no conducirá al éxito deseado.
Tengo la impresión de que hay algo de innato en nuestro comportamiento. Ciertas personas poseen fuerte impulso vital. Portadoras de una energía inagotable, las mueve un combustible que falta a la mayoría de los mortales. En ellas, la alegría de vivir es desbordante. Nada las pone tristes y, en ciertas situaciones, parecen livianas porque no dan mucho peso a sufrimiento alguno. Ese fenómeno innato probablemente está ligado a la bioquímica de nuestras células cerebrales.
Otro factor que predispone al optimismo o al pesimismo es la evaluación crítica de nuestro pasado. Por ejemplo, si una persona de 40 años hiciese una retrospectiva de su vida y llegase a la conclusión de que tuvo progresos indiscutibles, habrá buenos motivos para el optimismo en relación al futuro. Si, por el contrario, en el momento de sumar y restar, el saldo fuese negativo, el pesimismo prevalecerá. Esa auto-evaluación no abarca solamente conquistas de orden material. Lo que más interesa es el éxito como ser humano. Conseguir dominar los impulsos agresivos, tener una vida sentimental y sexual satisfactoria, ser tolerante para con las diferencias de opinión son condiciones que conducen al optimismo.
Finalmente, existe un tercer factor, sin duda el más importante de todos, que orienta nuestra actitud. Ese factor es el coraje. Las personas que no tienen miedo de osar tienden al optimismo. No temen al sufrimiento ni al fracaso. Saben que el fuerte no es aquel que siempre acierta, sino el que corre el riesgo de equivocarse y sobrevive a la más dura caída. Los seres humanos más felices soportan bien el dolor y suelen tener una rutina más creativa y alegre. Su optimismo conduce al éxito, pues consideran las eventuales derrotas como un aprendizaje que los tornará todavía más fuertes. Lo opuesto sucede con el pesimista. Se queda paralizado, no por convicción, sino por miedo. No tiene miedo por ser pesimista. Es pesimista por tener miedo. Y así va pasando por la vida, cada vez más inseguro y acomodado y – lo que es peor - cada vez más envidioso.


Flávio Gikovate.

Traducción: Teresa

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26/10/2008 free counters

No sabemos lidiar con las Divergencias



Una de las contradicciones más graves que cargamos es esta: nos gusta ser únicos y originales, pero esperamos que todos piensen como nosotros y hasta que sientan lo que sentimos. Nuestra imagen de liberales y democráticos va aguas abajo si enfrentamos una opinión divergente sobre los temas más banales – una película que amamos o una música que detestamos. Del fútbol a la religión, expresamos esa intolerancia: queremos que las personas no solo crean en el mismo dios, sino que lo conciban de la misma forma. Del ángulo de la razón, desconfiamos de los que se muestran diferentes, de todos aquellos con quien no nos identificamos y de las cosas que no comprendemos. Del punto de vista emocional, no toleramos las diferencias porque nos hacen sentir solos, desamparados.
Una simple divergencia sobre un asunto irrelevante puede causar la separación de dos personas, especialmente si ellas creen sinceramente en sus puntos de vista y tienen la convicción de que están en lo cierto. Las relaciones solo sobreviven cuando percibimos el lado rico de esa convivencia con pensamientos diversificados. Todo mundo se dice tolerante y comprensivo en relación a las posiciones divergentes, pero en verdad son pocos los que no se sienten de alguna forma ofendidos por las diferencias. Y estas son la raíz de los prejuicios, que no pasan de generalizaciones precipitadas y negativas que brotan con facilidad en nuestra alma. Tal vez ninguno de nosotros este libre – y consciente – de la condición de prejuicioso.
Cuando nos referimos de manera irónica o humillante aquella persona cuya diferencia nos incomoda, revelamos nuestro prejuicio – sea racial, religioso, social, político o intelectual. Esta reacción de aparente desprecio, en verdad, encubre lo que realmente lo alimenta: la envidia. Usamos ese disfraz siempre que nos juzgamos inferiores. Nuestra tendencia arraigada de atribuir valor a las personas y de compararlas nos lleva inevitablemente a juzgar unas mejores que las otras. Ni siquiera meditamos la hipótesis de que sean apenas diferentes. Como consideramos nuestra propia escala de valores, tampoco estamos dispuestos a entender al otro o los criterios de él – lo que implicaría en reevaluar los nuestros. En tanto insistiremos en pensar de ese modo equivocado, continuaremos cometiendo los errores de siempre: orgullo, cuando juzgamos nuestro modo de ser envidiable; envidia, cuando ocurre lo inverso.
Ese eterno círculo vicioso provoca desdoblamientos gravísimos. El mayor ejemplo es el de la guerra entre los sexos. Hombres y mujeres tienen diferencias marcadas – de la anatomía a la manera de pensar. Desde que los hombres se declararon superiores a las mujeres a partir de su escala de valores, ellos gastan una enorme energía tratando probar la inferioridad de ellas – lo que no seria necesario si estuviesen convencidos de su supremacía. Las luchas femeninas en defensa de la tesis igualitaria no diminuiría nuestra dificultad de pensar con libertad, sin la urgencia de evaluar quien es mayor o mejor. Las mujeres no son inferiores ni iguales a los hombres. Son diferentes. Y, como ya vimos, las diferencias no precisan generar reflexiones amarradas a juicios de valor, que rinden veredictos jerárquicos. Precisan apenas ser respetadas.


Flávio Gikovate.

Traducción: Sandra

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26/10/2008 free counters

Entrevista com Dr. Flávio Gikovate

• Médico formado na Universidade de São Paulo em 1966
• Já atendeu mais de sete mil pacientes em sua clínica de psicoterapia breve
• Foi pioneiro na abordagem de temas como amor e sexualidade no Brasil
• Escreveu seu primeiro livro há 30 anos e já publicou 23 obras


Ninguém é bonzinho

Psiquiatra afirma que as pessoas se dividem em egoístas e generosas por fraqueza, e não por vontade própria. Nenhuma delas merece aplauso.

Camilo Vannuchi

Uma trama diabólica. É assim que Flávio Gikovate, 63 anos, define a divisão do Mundo entre egoístas e generosos no livro O mal, o bem e mais além (MG Editores, 160 págs., R$ 29,70), com lançamento previsto para a terça-feira 14 em São Paulo. Sua experiência em consultório o fez perceber que quase todos os casais – e também as relações sociais e entre amigos – fundamentam sua relação nas trocas estabelecidas entre uma personalidade mais exigente, barulhenta e emocionalmente sensível e outra mais madura, compreensiva ao extremo. Divisão um tanto maniqueísta? Gikovate diz que não. “A culpa não é minha se existem apenas dois tipos de pessoas”, afirma. A novidade presente no livro é que, segundo ele, os generosos não formam o time do bem, como julga o senso comum, nem os egoístas são os vilões. Sua hipótese é de que as diferentes reações a sentimentos humanos, como vaidade, inveja, culpa e humilhação, acabam por determinar o perfil de cada indivíduo. A miséria dos egoístas está no fato de que eles dependem dos generosos, assim como os generosos precisam dos egoístas.

ISTOÉ – O que o levou a escrever sobre a velha dicotomia entre o bem e o mal?
Flávio Gikovate –
O tema da moral está presente há algum tempo em meu trabalho, mas antes tratava o egoísmo como algo pior do que a generosidade. Em 1976, escrevi que havia dois tipos de amor, por diferença e por semelhança. A grande maioria dos casais se estabelecem entre pessoas antagônicas. Hoje, a moda é falar em alma gêmea, mas, na prática, as pessoas continuam se encantando por oposição e dizendo que os opostos se atraem. A atração por opostos tem muitas causas, desde a dificuldade de auto-estima (não gostar do seu jeito de ser e se encantar com o outro) até o medo da paixão, muito intensa, estabelecida entre semelhantes. A paixão, diferentemente da maioria das relações, se dá entre pessoas parecidas.

ISTOÉ – Por quê?
Gikovate –
Paixão é amor em grande intensidade mais medo em grande intensidade. O coração não bate por amor, mas por medo. E muita gente acha que, quando a paixão vai passando, é como se o amor diminuísse também. Apenas o medo diminui. Mas muitas paixões terminam quando os amantes não suportam o que chamo de medo da felicidade. Ele está na raiz do pensamento supersticioso. O olho gordo tem cinco mil anos. O medo da felicidade surge quando estamos no meio de muita coisa boa e temos a impressão de que um raio vai cair na nossa cabeça. Muitos preferem se unir a uma pessoa diferente de si para garantir um pouco de irritação. Ligar-se a uma pessoa antagônica encanta e irrita ao mesmo tempo. Na paixão, as afinidades são enormes, os dois se encaixam maravilhosamente bem e o pânico se instala. As separações ocorrem por isso, e não por causa dos obstáculos.

ISTOÉ – Por isso a maioria dos casais é formada por um egoísta e um generoso?
Gikovate –
Entre dois egoístas, a relação é impossível. Acontecem muitas brigas. Não dá problema psiquiátrico, mas ortopédico (risos). Quando o egoísta é casado com um generoso, pelo menos este coloca panos quentes. Quase sempre, a paixão ocorre entre dois generosos que acabam deixando de ser generosos. Seriam casais perfeitos se o generoso, tão atrapalhado psicologicamente quanto o egoísta, aprendesse a receber.

ISTOÉ – Como são, afinal, os generosos e os egoístas?
Gikovate –
O egoísta é estourado, ciumento, gosta de fazer autopromoção, é extrovertido porque não consegue ficar sozinho e intolerante à frustração. Faz o diabo para não se frustrar, inclusive passar por cima dos direitos dos outros. A partir dos seis anos, a criança é capaz de abstrair e se colocar no lugar do outro. Se uma criança vê um menino em uma cadeira de rodas e se imagina em seu lugar, sofrerá com isso. E uma criança que não suporta essa dor interromperá esse processo. Fica com uma visão unilateral do mundo e perpetua um padrão egocêntrico. São pessoas invejosas, embora se mostrem sempre muito bem. Isso confunde até hoje os psicanalistas, que fundaram o conceito de narcisismo.

ISTOÉ – O narcisismo não existe?
Gikovate –
É um conceito usado para descrever pessoas que têm a postura do “eu sou bacana”, como se elas tivessem realmente esse juízo de si, o que não é verdade. Elas sabem que são um blefe. Fingem superioridade por se saberem invejosas e ciumentas. Elas precisam receber mais do que recebem. Matematicamente, são pessoas falidas. Podem botar a banca que for, mas são fracas.

ISTOÉ – E quem são os generosos e por que não devem ser encarados como representantes do bem?
Gikovate –
O generoso é o inverso do egoísta. Não reage nem quando deveria, não suporta provocar dor na outra pessoa, aceita dócil um monte de contrariedade. Fala um monte de sim quando deveria falar não. Quando você tem oito anos e é um menino bonzinho e seu irmão começa a chorar porque quer uma bola que é sua, você não agüenta o remorso que imagina que vai sentir e dá a bola para ele. Mas não era isso que você queria fazer. Aí a mãe vem e diz que você é legal. O elogio estimula a vaidade, que se acopla à generosidade. É mais uma vez um truque para se sentir superior à custa de uma fraqueza. O generoso também inveja o egoísta, que é capaz de dizer não e goza os prazeres da vida, enquanto o generoso é todo cheio de pudores e constrangimentos. Acabam ficando duas porcarias.

ISTOÉ – A culpa é da sociedade que valoriza a concessão como virtude?
Gikovate –
Para ter um filho bonzinho, tem que ter um filho pestinha. A mãe poderia chegar para o filho que quer a bola e dizer “não enche o saco, a bola é do seu irmão”. Mas ao reforçar a generosidade de um dos filhos, ela reforça também o egoísmo do outro. Não existe generosidade sem egoísmo. De vez em quando eu assisto a esses programas evangélicos na televisão e penso no que seria deles sem o Satanás. Não haveria programa. Essa dualidade é patética, ridícula. Para poder ser o bonzinho, o bacana, ir para o céu e ser uma teta na qual todos mamam, precisa haver os parasitas que vão lá mamar. Há uma aliança no domínio das elites entre o generoso e o egoísta. Comparo com o sacerdote e o guerreiro. O sacerdote seria o bonzinho e o guerreiro, o mau. Os dois sempre se freqüentaram e compartilharam poder.

"Por seu temperamento,
Lula seria generoso. Mas
uma vez no poder... A generosidade é praticamente impossível no poder"

ISTOÉ – Lula é mais parecido com o guerreiro ou com o sacerdote?
Gikovate –
Por seu gênio e temperamento, Lula seria generoso. Mas uma vez no poder... Uma vez li uma entrevista de um filósofo francês que dizia que não existe esquerda no poder. Esquerda, por definição, é uma coisa que está fora do poder, gerando idéias. O poder não é lugar para idéias, mas um local de ação, onde as idéias geradas do lado de fora podem ser aproveitadas. A generosidade é praticamente impossível no poder. Lula é um governante que, como todos, precisa fazer alianças. E nem todos os amigos são generosos. As pessoas mudam de caráter com o passar dos anos e pioram.

ISTOÉ – O sr. ainda se refere ao Lula?
Gikovate –
Não. Estou falando de maneira geral. Você já ouviu alguém dizer que quem não foi socialista na mocidade e virou um indivíduo pragmático aos 45 anos é um idiota. Como se o idealismo fosse um defeito juvenil que deve ser curado com o tempo até se transformar em egoísmo. Acredito que existe uma terceira instituição para além dessa dualidade. É um indivíduo moralmente sofisticado, nem egoísta nem generoso, que tolera bem a frustração e não sente culpas indevidas, que eu chamo de justo.

ISTOÉ – Será o auge do individualismo?
Gikovate –
No bom sentido da palavra. Individualismo significa auto-suficiência. Egoísta e generoso não são auto-suficientes. O justo sim. Vai estabelecer relacionamentos nos quais não haverá necessidade de jogos de poder. Ele não dá mais do que recebe nem recebe mais do que dá. O interessante é que a sociedade moderna tende na direção do indivíduo justo.

ISTOÉ – Não caminha para um mundo mais egoísta?
Gikovate –
Parece que sim, por causa do elogio a essa cultura superficial, ligada à vaidade e à aparência. Mas o fato é que não cabe todo mundo nesse sistema. Não há nem emprego para todos nem tetas suficientes. Quando penso em individualismo, comparo com o iPod. Você coloca centenas de músicas ali dentro e vai para o metrô, onde balança a um som que só você ouve. Dos dez milhões de habitantes de Nova York, três milhões moram sozinhas. São Paulo também é assim. Está se tornando o país dos cachorros. Se os generosos começarem a trocar seus pares egoístas por cachorros, será outro mundo. Até porque os cachorros retribuem. Ao vender iPods, os amantes da sociedade de consumo estão fabricando o germe da destruição do próprio capitalismo. O indivíduo que está mais auto-suficiente sozinho vai consumir menos, porque sua vaidade precisa menos de instrumentos externos. Estará mais perto da felicidade democrática e distante da felicidade aristocrática.

ISTOÉ – Qual a diferença?
Gikovate –
Não dá para privilegiar coisas que não dão para todo mundo. Até os intelectuais cometem esse erro. Elementos de felicidade aristocrática, como a beleza, a riqueza e a inteligência, condenam à infelicidade o feio, o pobre, o que não teve acesso à educação. Sou favorável às felicidades democráticas, aquelas que dão para todo mundo, como o amor, por exemplo. O justo se satisfaz com isso. Ele não condena ninguém à infelicidade.

ISTOÉ – Como alcançar o mundo dos justos?
Gikovate –
Todos têm que evoluir. As relações de qualidade serão as únicas estáveis, tanto as de amizade quanto as conjugais. E, quando a educação não parte de dois modelos concorrentes, os filhos saem todos legais. Além disso, é uma estupidez achar que casamentos sem brigas são tediosos. Só é chata a vida entre duas pessoas se elas forem chatas. O tédio deriva da falta de reciclagem por parte dos cônjuges. Mas não quer dizer que as disputas favoreçam a relação.


"Olhando de fora, Ronaldo e Cicarelli parecem dois egoístas que não agüentam ficar juntos mais do que serve aos interesses recíprocos"

ISTOÉ – Isso talvez derive da crença de que as disputas funcionam como estímulos sexuais para a maioria das pessoas.
Gikovate –
Isso não é uma crença. O sexo está acoplado à agressividade em nossa cultura – ele faz parte do domínio do demônio – e se complica um pouco nas relações de boa qualidade. Na nossa cultura, há inveja sempre que existe diferença. Freud falou na inveja do pênis pelas meninas. Na adolescência, os meninos passam a invejar o poder atraente das garotas. Aí, as meninas se tornam objetos de desejo e os homens ficam babando. É a origem do machismo e das piadas em relação às mulheres. O machão tem raiva e desejo pela mulher. Isso não significa que não pode haver sexo sem ódio.

ISTOÉ – Caminhamos para isso?
Gikovate –
Sim. O mundo moderno desvincula sexo de agressividade, apesar do sistema capitalista, que sonha com a infelicidade humana. A infelicidade dá dinheiro não só para os meus colegas (psicoterapeutas), mas também para a indústria. O ficar altera completamente essa relação de ódio e inveja. Na idade em que os meninos babavam pelas meninas, eles já as beijam. Pela primeira vez, um menino de 14 anos exerce sua sexualidade com alguém da mesma idade e da mesma classe social. Sem pagar. Os meninos não correm tão vorazes atrás das mulheres. Alguns pais às vezes trazem seus filhos para meu consultório com medo de que eles sejam homossexuais. “Não esquenta a cabeça, tio. Vai pintar”, dizem. Hoje, eles se dão ao direito de esperar que as meninas se aproximem.

ISTOÉ – O generoso no ambiente conjugal pode ser egoísta nos negócios?
Gikovate –
Isso é raro. Mas o generoso é esperto. Ele faz alianças de alta conveniência. Associa-se aos egoístas, que fazem as maracutaias, e ele se beneficia. O sócio é um safado que faz negócios ilícitos, mas ele aproveita o dinheiro, sendo sempre o bonzinho. O generoso é um oportunista disfarçado. Dá uma casa bonita para a família mas mora nela. Diz que não se incomoda em morar em um “moquifo”, mas tem dificuldade de se separar e abrir mão da casa. É tudo espetáculo.

ISTOÉ – Por falar em espetáculo, Ronaldo e Cicarelli se encaixam no modelo?
Gikovate –
Olhando de fora, parecem dois egoístas que não agüentam ficar juntos mais do que serve aos interesses recíprocos. Talvez Ronaldo coloque mais seus interesses acima de tudo. Tenho a impressão de que a Milene (sua primeira mulher) era mais tolerante. Mesmo assim, ela não o agüentou. Daí ele arrumou uma que é da mesma categoria que ele. Três meses foi até muito. Não deu nem tempo de terem problemas ortopédicos (risos).

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